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El arte de vender o el arte de enamorar

Autor: Manuel López

Decía  mi buen amigo Chema Martínez -coach ejecutivo él-: << ir a vender, es ir a enamorar>>.

El comercio electrónico se está encargando de transformar las formas de venta tradicionales. Su alcance al consumidor final es infinitamente más amplio a la visita directa al cliente: reduce los costes dentro de los canales de distribución de las empresas y disminuye los equipos comerciales. En menor espacio de tiempo llegamos a lugares antes inalcanzables.

Volviendo al punto donde comenzamos -llamarme romántico si queréis-, soy de los que sigue pensando que los grandes clientes y las ventas importantes se hacen enamorando. 

La búsqueda del cliente potencial, el primer contacto con su secretaria, concertar la primera visita y aplicar las técnicas de venta, me recuerdan a mi juventud en aquellas épocas doradas de búsqueda del primer amor.
Todo comienza con esa chica que te tropiezas un día por casualidad y despierta tus hormonas; igual que esa “gente que podrías conocer” o “quién ha visto tu perfil” en Linkedin.
Desde ese momento preguntas a tus amigos, buscas personas comunes: ¿dónde vive? ¿Dónde estudia? Algo o alguien que te pueda conectar a su red. ¿Cómo podría despertar su interés? Empezando por lo que llamábamos “el cortejo” o fase de primer contacto con nuestro posible cliente. Una mirada furtiva o un encuentro intencionado da lugar a la primera sonrisa cómplice. Una invitación a conectar  que nos permita ser aceptado en su red social y un “vamos a conocernos”.

Con el paso de los días, esperas ansioso volver a cruzarte con ella y cuando esto sucede, su sonrojo delata un “me gustas”, igual que esperas que compartan tu última publicación o un “marcar como favorito” tu tuit. Es el momento de conseguir su teléfono y, después de muchos filtros, te dispones a hacer la primera llamada. Nervioso, pero sabiendo lo que  le tienes que decir ya que tienes información de ella. Su secretaria le pasa tu llamada y cerramos reunión en su despacho. ¡Bravo, un filtro menos!
Hemos dado un gran paso. Ya tenemos el primer sí. El sí de vamos a sentarnos a hablar, el sí de vamos a aplicar todas nuestras técnicas para enamorar, el sí que nos abre la puerta de una oportunidad que no podemos perder -cada oportunidad debemos considerarla como si no fuese a existir otra-, el sí que nos va a permitir crearle una necesidad  para no dejarme escapar.

Es el día, la oportunidad esperada desde que la he visto por primera vez. La importancia de mi apariencia es fundamental, así que, después de alguna que otra prueba, elijo mi vestuario.  Lo sé todo de ella. He recopilado toda la información posible y voy muy preparado a su encuentro, así que tengo la completa seguridad de que podré salir airoso ante cualquier cuestión que surja.

Llegó el momento. Acudo a mi cita con un poco de tiempo -no mucho más de 5 minutos- ya que la puntualidad es algo muy importante para mí. De repente aparece, miro fijamente a sus ojos y esbozo una pequeña sonrisa: la conexión desde el primer momento es total.
Estoy muy concentrado en cada frase que pronuncio. Todas mis técnicas para enamorar fluyen por mi cabeza y las traslado desde el cariño, pero sin parecer un robot automatizado -es el momento de empatizar-. Me vendo y la estoy conquistando. Hablo de mis virtudes y cada vez le creo una mayor necesidad de poseerme. Sé que le gusto, pero esto lleva su tiempo. Me intenta comparar con alguno de sus antiguos novios -no caigo en la trampa-. Le digo que seguro que son maravillosos pero que yo soy yo y no me gustan las comparaciones. Paso por encima de mis defectos y resalto mis virtudes.

De la tensión inicial de lo desconocido, empieza a brotar la confianza y la conversación empieza a ser distendida. Se hace el silencio, parece que llega lo inevitable… La próxima semana volveremos a vernos. Aún nos queda un largo camino por recorrer, pero me ha reconocido que le gusto, que quiere volver a verme y que con toda seguridad, haremos muchas cosas juntos.

¡¡He conseguido enamorarla!!

No sé si soy un romántico o no, pero soy de los que sigue enamorando, de esas personas que aún quiere mirarte a los ojos y no a través de un Smartphone, de esos que aún quieren conquistar a un cliente con técnicas de venta tradicional.